Aplicaciones del Ozono

Después del Bromo y el Flúor, el Ozono es el desinfectante más potente que se conoce, siendo 130 veces más eficaz que el Cloro. Como ventaja añadida, después de su acción desaparece sin dejar rastro.

Dado que se genera in situ y su existencia es limitada, reconvirtiéndose en su estado natural de oxígeno O2 sin dejar residuo ni rastro, es un desinfectante y viricida eficaz y totalmente natural y biológico.

Su contribución a la potabilización y depuración del agua, la lucha contra las enfermedades provocadas por bacterias, hongos y virus, la desinfección de los suelos, la mejora del rendimiento de los cultivos y la producción agrícola, la desinfección de espacios cerrados (como escuelas, hospitales, instituciones penitenciarias, residencias de ancianos, edificios públicos y culturales…) y la eliminación de olores y mosquitos, entre otros usos, lo convierten no sólo en un activo de presente, sino en una potente herramienta de desarrollo y de futuro.